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Testimonios: Experiencias de Meditación en Luz y Sonido

Un testimonio del Camino de Meditación en Luz y Sonido, compartido desde la India por J. Paul Mahay.

Mi búsqueda por el Supremo (al menos como lo conocía en ese entonces) comenzó cuando yo tenía nueve años. Siendo un Indio, mi familia, junto con mis profesores en la escuela, me inculcaron profundamente la cultura y el sistema de valores de las religiones de la India.


Empecé a meditar cuando era un estudiante en 1974, basado en una técnica de la tradición Védica en la cual perseveré por 9 años, la cual mejoró dramáticamente mi forma de pensar, haciéndola más abierta y tolerante. A pesar de los beneficios de esta meditación, después de tres años me di cuenta que había llegado a un punto muerto y  que no había algo que me llevara al moksha (el término usado en la India para la liberación o la Iluminación Espiritual) para lo que debía encontrar un Satguru, o sea un Maestro Perfecto. Aunque yo había realizado esa verdad de la necesidad de un Maestro, tenía mis propios conceptos de cómo debía ser un Maestro y dónde Él debería haber nacido. Debido a mi propia falta de entendimiento, que no era prejuicio, rechacé la oportunidad que se me presentó en 1978 mientras que trabajaba en Londres. Los anuncios que leí eran muy desafiantes y me resistí, porque yo deseaba un Maestro que encajara en mis conceptos y validara sus enseñanzas de acuerdo a las Escrituras de la India.

Abandoné Londres en 1980 y me reuní con mi familia en Wolverhampton, West Midlans, mi ciudad de origen. Continué leyendo literatura sobre la vida de los Santos y un día, se me atravesaron las palabras de uno de ellos, Kabir, que dijo: ¨…no se deje engañar por el color o el país de origen de un Maestro, si él puede darle la revelación de la Luz y el Sonido y le promete llevarlo a la liberación, entréguese a los pies de ese Maestro y acéptelo como su Gurú.¨ Estas palabras me llegaron en una época perfecta y me aclararon las dudas que yo tenía. A los pocos días de este incidente, un amigo muy cercano me envió tres folletos sobre el Camino Espiritual, el cual había leído antes como unas veinte veces. Entre más lo leía, más aumentaba la intensidad de mi deseo de conocerlo, y miré la carta anexa en la que me invitaba a una charla pública de una persona iluminada. Ese día me las arreglé para hablar con algunas personas que ya estaban meditando. Un iniciado en particular, que lucía radiante, muy seguro y feliz, me brindó noventa minutos de su tiempo y me comentó que era Segundo Iniciado y que nunca habría llegado más allá de sí mismo de no ser por su Maestro que le otorgó este estado. Tan pronto él me dijo eso, las palabras del Santo Kabir resonaron más fuerte dentro de mí y supe que había llegado al final de mi búsqueda.

Yo estaba lleno de asombro y le pregunté cómo podía seguir este Camino. Tomé una lista de las charlas públicas que iban a dar en el área y la primera charla, luego de esa, fue en Diciembre 17 de 1983, dictada por un Iluminado. Cuando terminó la charla pregunté cuál era el siguiente paso, y en diciembre 22 de ese mismo año recibí mi mantra personal. Desde que me senté a meditar, no solo me sorprendió el inmenso poder del mantra, sino que la persona que me lo dio estaba asombrada con la rapidez con la que me rendí en la meditación. No había pasado ni una semana luego de esto y mi esposa, Santosh, no podía creer los cambios que veía en mí y me insistió en que la llevara a la siguiente charla. En Marzo 5 de 1984, ella también tuvo su mantra personal y nosotros empezamos a meditar regularmente.

Juntos perseveramos en nuestras meditaciones y los cambios que se dieron en nosotros fueron muy profundos. La gente del Camino que estaba a cargo de nosotros, mostraba un gran amor y compasión. Ambos preguntamos por la Iniciación y el 8 de Julio de 1984 mi esposa y yo fuimos iniciados. Lo que vivimos fue el mayor milagro en la vida. No podía creer mi gran fortuna pues había gastado años leyendo acerca de una tradición en Luz y Sonido, y ahora yo estaba sentado y atestiguándolo todo por mí mismo: lo que los Santos en India valoran más en su vida. Nosotros recibimos esta gracia a través de una persona iluminada, autorizada por el Maestro, otro milagro de cómo alguien puede estar y trabajar a través de otra persona. Fue una iniciación maravillosa. Quedé en silencio y conmocionado. Meditar tres días en Luz y Sonido fue entrar a un santuario que no estaba tocado por nada del mundo externo.

Mis meditaciones me dieron una fortaleza inimaginable. Aunque tuve que cuidar a mi esposa enferma durante diez años y atender a dos niños por mí mismo, de no haber tenido el cuidado y la compasión de mi propio Maestro, dudo mucho que hubiera podido estar sentado aquí escribiendo este testimonio. Mi contacto personal con mi Maestro fue el más grande tesoro que me mantuvo en medio de todas las dificultades de la vida. Yo siempre lo he visto a él como la encarnación de todas las escrituras, del amor y la compasión. Es su perseverancia conmigo y con otras personas que me enseñaron, lo que me mantuvo fuerte. Fue a través de la Gracia del Maestro que realicé la ley eterna de la espiritualidad: que el comienzo de un verdadero camino espiritual es a través de la revelación de la Luz y el Sonido hacia el loto de los mil pétalos y no meditando en un conjunto de mantras. Así como darle un par de anteojos a un hombre ciego no le devolverá la vista, tampoco la meditación en mantras nos liberará de la ignorancia.

Después de haber meditado en esta energía durante algunos años, me fue concedida la gracia para moverme al siguiente estado, la segunda iniciación. Mi esposa estaba muy enferma y el estrés por su enfermedad, el cuidado de los niños y la presión en el trabajo, me llevaron a no dejarme ir en mis meditaciones. Eventualmente, me alejé para meditar  y me rendí a la intensidad de la Gracia. El grado de libertad que realicé en este nuevo estado fue fenomenal y supe exactamente de lo que hablaba el Santo Kabir en sus escritos. Me di cuenta que no había nada que pudiera contenerme, que el espacio que yo era no podía reencarnar, que estaba más allá del nacimiento y la muerte, y que la teoría del espíritu como la enseñan las religiones estaba errada. Realicé que yo estaba más allá de mi mente independiente de mis pensamientos: en otras palabras, que yo estaba más allá de la forma. Desde entonces no me sentí más atrapado y si me hubiera dejado llevar por mis propios mecanismos, hubiera dicho que estaba iluminado. Aquí, mi amor y gratitud por mi Maestro se habían intensificado pues realicé que él era el Maestro Perfecto, sin duda alguna. Su integridad es loable, pues no hay nada que lo detenga de decir que en este estado un individuo ya es un Iluminado y, en cambio, él me dijo que aún me quedaba un viaje hacia la Iluminación.

Continué meditando y el 24 de Diciembre de 1995, yo alcancé la iluminación o moksha, el estado final llamado Nirvakilpa Samadhi, un Samadhi sin semilla. Mi iluminación no fue el resultado solo de mi meditación: fue el resultado de la gracia del Maestro y la cooperación de mi parte con su Gracia, la que me liberó. Estaba asombrado de encontrar que la identidad que tenía antes de la Iluminación nunca existió, y que era solamente una colección de ambientes. Realicé que mi verdadera naturaleza es absoluta, infinita, nunca ha nacido y nunca morirá. Yo me senté y atestigüé que Dios, siendo absoluto, no está atrapado en el universo y nada lo puede contener. Como es indiferenciado y no tiene partes, la idea de un espíritu individual es la mayor falacia inventada por la religión. El Absoluto es indivisible y es la causa de todo, aunque en sí mismo es la Causa sin causa. La religión mantiene al ser humano alejado de la búsqueda de un Maestro Perfecto.

Yo continué sirviendo a mi Maestro, quien finalmente me dio la Gracia para iniciar a otras personas. Él me ha otorgado el estado más honorable de ser un representante humilde de su Camino tanto en casa como en el exterior. Él me ha permitido viajar a otras partes del mundo donde he dado charlas públicas que me han ayudado a realizar que una vida espiritual es la mejor vida que uno puede vivir. Estoy eternamente agradecido con mi Maestro por permitirme cumplir el verdadero propósito de mi vida.

Con devoción y servicio amoroso hacia mi Maestro,

J Paul Mahay

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